EDUCAMOS A 21

“Educamos a 21” es otro de los mantras que nos repetía hasta la saciedad Olga Lázaro en la Escuela de familia de AFADA durante los años que compartí con ellos.
Quería ponernos calma, y tiempo, y distancia en la educación de nuestros hijos, que las prisas son muy malas consejeras.

Con todo lo que llevo leído y escuchado en esta cuarentena sobre Educación, me viene muchísimas veces esta frase a la cabeza. Tantos y tantos profesionales, desde el Juez Calatayud, a Francesco Tonucci, diciendo que no pasa nada por perder un trimestre de curso en ninguna etapa y tantos y tantos profesores, buenos docentes, agobiados desde sus casas, teletrabajando horas y horas para seguir dando unos contenidos que a los chavales les suelen importar más bien poco y en este momento nada.

Desde que escolaricé a mis hijos con 3 y 4 años nuestra vida se fue complicando. Llegaron en julio y decidimos no escolarizar al mayor el septiembre. No vimos que nos compensara a ninguno. Así que lo dejamos para el curso siguiente y los escolarizamos a la vez, cada uno en su curso, pero en un CRA rural que iban 2 cursos juntos en cada clase. Un cole muy pequeño en el que las vivencias deberían haber sido muy diferentes.
Durante el año que tendría que haber hecho 1º de infantil yo buscaba fichas y le preparé unas pinturas en un cubilete para que fuera cogiendo y pintando y, las más de las veces, las sacaba todas, le daba la vuelta al cubilete y, usando los lápices a modo de baquetas, tocaba el tambor. Ya apuntaba maneras de lo poco que le iba a interesar el cole y lo mucho que le apasionaba la música.
Por supuesto, como buena madre de cultura judeocristiana asentada en la culpa, allí estaba yo pensando que era una inútil y que no sabía enseñarle nada, ni conseguir que él mostrase interés ninguno, pero luego el cole me demostró que allí mostraba el mismo interés y muchos más problemas de todo tipo: de conducta, sociales…
Durante su primaria, me plantee varias veces el “homescholing” pero sabía de la experiencia de una amiga cercana, que lo había hecho, y había acabado teniendo que defenderlo en un juzgado y, finalmente, escolarizándolos porque estaban haciendo una mala identificación de roles (madre/maestra); leía los casos de otros padres “yerbas” que lo hacían y acababan con demandas y juicios. Eso unido a que no veía como gestionar nuestra economía si dejaba totalmente mi trabajo me frenó, pero siempre he creído que, para él, habría sido la mejor opción y él además lo pedía a gritos.

La siguiente opción fue convertirme en la madre que lee, que busca motivos, estrategias, soluciones,  para ayudar, para colaborar y para apoyar a su hijo y que va al cole y habla con el tutor, con la orientadora, con el director y con quien haga falta para intentar hacerles entender las necesidades de nuestros hijos. Vamos, la pesadilla de los profes.
Estuvimos en Bilbao, en Agantzadi con Javier Múgica, que nos hizo la mejor valoración familiar que nos han hecho nunca y él mismo llamó al colegio a la orientadora para explicarle un poco las necesidades y, seguidamente, me llamó descorazonado: “Amparo esa señora ni entiende, ni quiere entender”
Y luego te encontrabas con la tutora que te mira con pena, con superioridad, te agarra la mano en una tutoría y te suelta: “Te voy a dar un consejo como madre: deja de justificarle que no le estás haciendo ningún bien” y ese día, esa señora, tiene la inmensa suerte de que mi buena educación no me permitió contestarle todo lo que se me vino a la mente en ese mismo momento.
Afortunadamente, también nos hemos encontrado con profesores empáticos y comprometidos que se han involucrado, que han trabajado para generar apego con él (y con los demás alumnos, seguro), que han pedido colaboración a los profesionales con los que estuvieramos trabajando en ese momento…y que gracias a ellos el camino ha sido un poco menos duro: Cesáreo, Lorena, Pascual, Eliseo, Rosa, Carlos, Alberto….

Al menos, en los momentos duros, el “Educamos a 21” alentaba mi esperanza. El sistema educativo era un trámite que había que pasar pero poner la vista en el horizonte, tener claro que era lo que más me importaba para mis hijos (y ahí cada uno tenemos nuestros valores) me ayudó a mantener la calma en algunos momentos especialmente duros.

Ahora, estoy leyendo muchos testimonios de personas adoptadas adultas, de como ha sido su infancia y leo que casi todas han vivido en negativo el exceso de exigencia y expectativas por parte de sus padres adoptivos; y en positivo (o negativo si lo han echado en falta, claro) el amor, la escucha, la aceptación, el acompañamiento…por eso, cada día estoy más convencida que el trabajo de aceptarles es mío: aceptar que no les gusta estudiar, que cada minuto que pasan delante de un libro no lo hacen por ellos sino por complacerme a mí, que su camino no es ese, que tal vez no sea estudiar en vertical, como se hace normalmente, sino ir buscando su camino y proveerse de las herramientas que vayan necesitando conforme ellos les vean la utilidad puesto que capacidad cognitiva no les falta.
Si sus dificultades emocionales, vitales, y el anquilosamiento del sistema educativo, no han hecho posible un vínculo entre ellos, entre los intereses de nuestros hijos y la escuela, no nos corresponde a nosotros como padres pelear y generar una lucha que llevamos a casa, a cada comida y a cada cena, que nos rompe en ocasiones la estructura familiar que vamos generando tantas veces con grandes dificultades. A nosotros nos toca verlos, aceptarlos como son y acompañarlos pero poniendo la vista en el horizonte y en lo que queremos que sea su vida y nuestra relación con ellos a los 21, a los 24, ……

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2 comentarios sobre “EDUCAMOS A 21

  1. Muy interesante, tengo varios hijos adoptados y biológicos, dos están en integración uno adop y otro bio, son TDHA y más cosas, he pasado por muchos colegios, profesores, apoyo, siempre lo he tomado con tranquilidad, le doy más importancia a lo emocional que a los estudios, hay profesores que me han ayudado y me ayudan y otros que no entienden y han hecho comentarios fuera de lugar pero no me he callado nunca. Hay mil opciones de vida para ellos, me salí de la ruta de mi ambiente que era valorar a sus hijos según sus notas y comportamiento, empecé a ver todo lo bueno que tenían, su generosidad, su originalidad, su ser diferentes, especiales, sí muchas veces desesperantes pero poder disfrutar de incluso sus estridencias, hablo de mis hijos con orgullo a pesar de que los mayores, hijos por adopción, no han terminado los estudios, no se centran y van a cero pero buscamos donde ellos se puedan sentir bien, el mayor no terminó nada, bachillerato si, y está trabajando fenomenal muy a gusto, lo más importante es quererles como son, ayudarles pero no empeñarse ni fustrarse porque no llegan donde tu quieres que lleguen. Me lo paso muy bien con ellos, mucho sentido del humor y disfrutar de cafa día. Todo se transmite, aunque pienses algo y digas lo contrario, saben lo que piensas.

    1. ¡Qué interesante tu aportación! Sí hay que salirse de ese ambiente que los valora y etiqueta en función de sus resultados académicos. Yo recuerdo que, cuando llegaba mediados de agosto, la gente empezaba con la cantinela “ya pronto al cole ¿eh? tendrás ganas…” y la cara de mis hijos (en especial del mayor) solía ser un poema. Y siempre preguntándoles por los resultados académicos en cualquier reunión familiar algo que no hacemos entre adultos, nos resultaría ofensivo: “¿qué tal has hecho tu trabajo esta semana?¿te lo ha valorado bien tu jefe?”
      Como tú bien apuntas, yo también creo que hay que potenciar más que crezcan sanos emocionalmente y, sintiendose seguros, irán encontrando su camino ellos mismos.
      Nosotros también hemos pasado por diferentes coles y, en el que empezó primaria, solo querían que lo medicara conseguir ponerle una etiqueta que llevase implícita una pastilla. Como me negué en redondo porque los resultados no eran concluyentes, al contrario, pues no nos llegamos a entender nunca.
      El sentido del humor es fundamental y lo que dices que pensar una cosa y decir otra no construye porque “se te ve la patita”. Hay que pensarlo, sentirlo y obrar en consecuencia para que ellos realmente sepan que eres honesto y coherente.

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