TORMENTA ESCOLAR

Estamos enfilando ya la recta final de este curso raro…muy raro.

Para nosotros empezó ya de manera complicada y, en noviembre, tomamos una decisión bien complicada: desescolarizar al mayor. Darle la oportunidad de llevar su ritmo, de pensar, de tomarse un curso de transición y  repensar qué quería hacer: trabajar, seguir estudiando por otro camino, estudiar de otra manera…No fue fácil.
Ahora él ha tomado sus propias decisiones, asumirá también las consecuencias, ha hecho formación no reglada en algo que le apasiona….va marcando su camino, y creo que es mejor para todos, y en especial, para él.

La pequeña sigue escolarizada en el instituto pero ha sido un curso muy, muy complicado a nivel personal…hasta que vino el coronavirus a poner paz. Sí, paz. Nos quedamos en casa y trabajamos a otro ritmo y de otra manera. Los entornos escolares son grandes estresores para nuestros hijos en muchas ocasiones y quedarse en casa, le ha dado otro poso. Hemos priorizado su bienestar y la convivencia, restablecer el vínculo, reír hasta que doliera la tripa a pesar de la que estaba cayendo fuera….y que el ritmo académico lo fuera marcando un poco ella.

He aprendido una nueva palabra en una charla estos días “amotivación”  ¿A cuántos de nuestros hijos les define esta palabra en cuanto a las tareas escolares? Según escucho y leo a numerosos especialistas….a muchos. No sienten ningún interés por lo que les ofrece el sistema educativo. Y nosotros ¿qué hacemos? pues la mayor parte de las veces, con la mejor intención, forzar, obligar, presionar, castigar, amenazar, profetizar un negro futuro….¿ayudamos? Estoy convencida de que no. Literalmente el sistema escolar para nosotros es una tormenta, un huracán, un tsunami que nos arrastra….¿cuántas veces habéis decidido poneros de parte de vuestros hijos, escuchar sus necesidades, han empezado a llegar correos del tutor, os habéis vuelto a agobiar, y habéis vuelto a la casilla de salida? Yo muchas.

Por aquí, parece que ya hay criterios de evaluación para el curso. Por fin, dicen que saben lo que van a hacer. Y claro, ha llegado una avalancha de recuperaciones…y volvemos a sentir la fuerza de la tormenta, a ratos huracán, que nos arrastra. A ver si conseguimos que apruebe el curso, que pase, que pueda continuar, pero ¿sabemos hacia dónde?
Claro que queremos que aprueben el curso…por ellos, por su autoestima, por ese autoconcepto que tienen tan dañado porque se dan cuenta (la mayor parte de ellos no se adaptan al sistema, pero no tienen ni un pelo de tontos) de la percepción de los profesores sobre su rendimiento, o sobre su conducta, o sobre su capacidades sociales.
Yo pensaba que se estudiaba el Efecto Pigmalion en las carreras de enseñanza, pero debe ser que no. O que, en el día a día, a los profesores, llenos seguro de buenas intenciones, se les olvida que un chaval da mucho más de sí, si se siente “bien mirado” y no si siempre estamos cuestionándolo. Cuando no obra bien, es que hay algo debajo que no está bien. Y a los adultos (padres o profesores) nos corresponde ser conscientes de ello para contenerles y acompañarles.

Buena suerte en este final de curso, sea lo sea, que nos sientan a su lado aceptando su capacidad, su esfuerzo, su frustración también, y que tengan claro que no son una nota, ni un expediente académico, ni una titulación. Veamos qué necesitan y peleemos por ello (por ejemplo, si creemos que no le va a hacer bien repetir) y, cuando ya tienen una edad, veamos juntos los resultados, las consecuencias, y la próxima casilla a la que queremos saltar.
Me encantaría aprender a surfear sobre esa ola que se nos viene encima, como el surfero de la foto, en lugar de sentir que esa ola, muchas veces, nos arrastra a todos y nos deja en la orilla, exhaustos.

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7 comentarios sobre “TORMENTA ESCOLAR

  1. Que agradable relato, aplicable a mas de una situación, al igual que en el surf hay muchas playas, muchas olas, pero el que lleva la tabla y las ganas de surfear es uno y la manera de asumirlo hace que todo cambie, ser consciente de lo que quiere y disfrutar de la experiencia, que las vueltas dentro del agua vendrán una y otra vez y terminará todo en la orilla, donde todo comenzó.

    1. Y que bonita respuesta la tuya, Carmen. Así es. Cuando somos adultos, deberíamos tener las herramientas para decidir qué ola queremos tomar y como y decidir nuestra propia manera de surfear. El problema en las exigencias escolares, que a muchos de nuestros hijos adoptados, por la adversidad en la edad temprana y las consecuencias que ha dejado en sus estructuras cerebrales, les cuesta un mundo: se sienten incompetentes, frustrados, les cuesta adaptarse al ritmo, a la organización, muchas veces también a la vida social…es que te exigen qué ola debes coger, a que velocidad, con que tabla y hasta con qué traje. No se dan cuenta que hay chavales que para surfear la ola de las exigencias académicas están provistos de una tabla profesional y el traje completo del mejor neopreno, mientras muchos de nuestros hijos van con la tabla que les ha quedado de su naufragio particular y el bañador raído del verano anterior.
      Claro que la vida nos traera muchas olas y muchos revolcones pero, en estos otros, tú eliges si los tomas o no y como pero el sistema escolar, al menos el español, te deja muy poco margen y menos opciones.

  2. Amparo …que te voy a decir si precisamente había puesto yo algo en mi estado sobre los niños. El confinamiento a dado un respiro , para recapacitar pero a todos no les ha servido. Sean niños adoptados o no , hay muchos padres que pierden poco tiempo con ellos y a veces solo necesitan atención , otros contar sus experiencias y otros abversidades o contratiempos. Hay que parar la máquina para poder seguir trabajando.
    Seguro que de todo esto se han sacado muchas cosas buenas. Y el surfear será algo fácil. Un besazo

    1. Claro que ha sacado algo bueno, muchas cosas. Para otras familias, con otras dificultades como la violencia o la falta de sustento, ha tenido que ser muy duro.
      Yo me centraba aquí en el tema escolar porque, para las familias con hijos con dificultades académicas es muy difícil de gestionar, sean los niños adoptados o no, por supuesto. Si tú tienes un hijo que se adapta al sistema escolar, que entra dentro de la “media” en cuanto a comportamientos y trabajo, tienes al hijo medio criado pero si encuentras ahí cualquier dificultad, del tipo que sea (y es fácil encontrarlas porque el sistema es muy rígido) la vida se te complica irremediablemente, llevando a la familia muchas veces, a problemas de convivencia, y a situaciones muy estresantes.

  3. Me siento identificada en este largo caminar escolar, de los seis, dos son muy buenos estudiantes que van solos, y los cuatro restantes con muchas dificultades, ha sido y es muchas veces un suplicio para ellos y para nosotros. Me ha ayudado mucho tener diagnósticos certeros para poder batallar en el colegio cual Juana de Arco, me he encontrado de todo profesores y profesionales maravillosos y otros que no entienden nada. Me he centrado en que cada uno desarrolle lo mejor de si, su creatividad, les he dejado trepar y saltar por el jardín sabiendo que tenían exámenes, he priorizado otras cosas porque luego maduran y de una u otra manera salen adelante, tengo tres que han repetido, se me ha partido el corazón y he pensado que se me iba la vida viendoles sufrir, he luchado muchísimo con los colegios, les han adaptado las asignaturas, he cambiado a dos de colegios…… En fin un largo caminar. En nuestra sociedad todo se mide por los estudios, mi hijo es buen estudiante todo va bien, mi hijo es mal estudiante es un cero a la izquierda y me niego a eso, estoy orgullosa de los buenos y de los malos estudiantes. Pienso que hay que relativizar mucho y ver qué es realmente lo más importante.

    1. En efecto, yo también lo veo así. Desgraciadamente, es una “lucha” continua y creo que ahí está el error porque no se debería aprender luchando sino disfrutando del aprendizaje y del camino. La sociedad, en la que estamos todos, los “etiqueta” así como tú dices, según vayan bien o mal en los estudios pero hay otras muchas variables en la vida, muchos otros aprendizajes que hacer y de esos nuestros hijos van sobrados…Yo también me siento muy orgullosa de ellos diga lo que diga el boletín de notas.

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