QUE ESPERAR CUANDO ENCONTRAMOS

Ya os he hablado en otras entradas de los orígenes de nuestros hijos.

Nuestras familias, si en algo se diferencian especialmente de las familias solo biológicas, es que somos más complejas porque, al adoptar a nuestros hijos, también adoptamos sus orígenes y su familia biológica sea cual sea su origen y su procedencia.
La mayoría de nosotros, durante años, tenemos en nuestro imaginario cómo será esa familia. Algunos tenemos algún dato que nos ayuda a darle forma a esa imagen y otros, por muchos  motivos, carecen de cualquier dato que pueda darles un cimiento sobre el que construir.

Normalmente, cuando vamos a charlas de mediadores, psicólogos, especialistas en general, todos nos cuentan que nuestros hijos, sobre todo de pequeños, pueden imaginar historias, fantasias, que tienen poco o nada que ver con la realidad de sus familias de origen pero, a ellos, les ayuda el generar esa fantasía y somos nosotros los que tenemos que estar ahí, acompañando, para ponerles los pies en el suelo, en una realidad que suele ser más cruda.

Pero ¿Y nosotros? Nosotros somos adultos que hemos formado o ampliado nuestra familia con un niño, o varios, que sabemos tienen una historia, una vida y una familia anterior a nosotros ¿Y que pensamos de ellos? ¿Qué imaginamos? ¿Pensamos en ellos? ¿O no los pensamos nunca?
Yo siempre he pensado en la madre biológica de mis hijos especialmente el día de su cumpleaños…es una sensación agridulce: soy feliz porque mis hijos se van haciendo mayores, como todas las madres supongo, pero no estaba allí cuando nacieron. Pensaba que eran paranoias mías, que siempre le doy a la cabeza más vueltas de las necesarias, pero un año mi hija me contó que tenía la misma sensación: estaba contenta porque era su cumple…pero no podía evitar pensar en que no estábamos allí en su nacimiento y que, de la madre que sí estuvo, no sabía nada…fue duro escuchárselo. Sobre todo, porque era muy pequeña.

La familia de origen de nuestros hijos no es solo una madre biológica, hay un padre (aunque en ocasiones no se conozca), hay hermanos la mayoría de las veces, hay abuelos, tíos, primos, sobrinos….que conforman un árbol genealógico en el que solo tenemos interrogantes.
Este año, con la información que vamos recabando porque mi hija así lo demanda, le he preparado un sencillo árbol genealógico con los datos que ya tenemos y a ella le ha hecho muy feliz me dijo: es que esto es lo que yo quería. Aunque cuando le dije si ya era suficiente, si quería dejarlo ya por un tiempo (a ver si colaba, solo tiene 16 años) me dijo que no, que seguía queriendo contactar si era posible (están mediando los servicios sociales).

Está claro que a ella la están haciendo feliz estos avances pero ¿cómo nos sentimos nosotros?
Cuando te encuentras que hay otra familia, de la que tú te habías hecho una idea, supongo que la mayor parte de las veces también distorsionada, y aparecen ahí en un documento, con nombres, fechas, historias…¡y no digamos si aparecen en una red social llena de fotos!
El otro día, en una charla, una señora contó que la familia biológica de su hija, había contactado con ella por Facebook: un muro que puede estar lleno de fotos (muchos son así, otras solo compartimos artículos, cursos y noticias), de historias, de anécdotas, de amigos, de comentarios de apoyo, ¿habéis pensado cuanto dice de una persona un muro de su red social? Puedes saber si es creyente, o si no; si ama a los animales, y si prefiere perros o gatos; sus relaciones de pareja si las hay, sus hijos, sus sobrinos;  si ha fallecido alguien importante para ella que, quizá, también lo es para tus hijos…

En casi todas las charlas que he escuchado esta temporada sobre orígenes, y han sido unas pocas porque, cuando estoy metida en algo me gusta documentarme, asesorarme, escuchar a los que saben…todos, desaconsejan buscar en redes sociales y es que, pensándolo bien, tienen que ser un shock complicado de digerir. En la misma charla, otra señora preguntaba en el chat: “he buscado en Facebook, no sé si he hecho bien o mal pero ahora ¿qué hago con eso?” Y así lo veo yo también, porque no es nuestra historia, es su historia, su familia, sus orígenes….No nos pertenece a nosotros sino a ellos y son ellos los que deben tomar la iniciativa mientras nosotros acompañamos.

Yo creía que era un tema que tenía bien trabajado, habíamos hecho mucho trabajo sistémico juntando a las dos familias, y entendía perfectamente la necesidad y el anhelo de mi hija de buscar, de saber; también tengo que entender que el otro hijo (aún siendo hermano biológico de ella) no quiera saber nada, y respetarlo, y esperar su momento si llega, y acompañarle y darle espacio en ese “no saber” pero no quiero que deje de hacerlo por fidelidad a mí, y me temo que puede haber algo de eso, necesito transmitirles que está bien lo que sienten cada uno de ellos, y que voy a estar ahí para acompañarles en lo que decidan.

Aún así, encontrarte de repente con mucha información que no concuerda con ese “imaginario” que tenía en mi cabeza no es fácil, pones en duda algunas cosas que creías que eran incuestionables.

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