LUCHA DE LEALTADES

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Hoy me voy a meter en un jardín en el que no me había metido nunca, ya veremos como salgo de esta…

Quería hablar de esas acogidas, adopciones, en las que se sabe bastante de la familia de origen.
Se sabe de su situación vital, de su forma de vida, de sus dificultades y sus necesidades.

Cuando nuestros hijos van creciendo, y van entendiendo como funciona este mundo, toman consciencia del estilo de vida que han llevado, en el que normalmente, no les ha faltado de nada, han ido a un buen colegio, han hecho extraescolares, han ido de vacaciones, han tenido comida, ropa, abrigo, calefacción, y sobre todo y por encima de todo unos padres, en la mayoría de los casos, y ya sé que toda generalización está avocada al fracaso, que han estado presentes, se han ocupado y preocupado por ellos.

En la adolescencia, cuando lo cuestionan todo, cuando ponen en duda que realmente pertenezcan a nuestra familia, cuando tensan la relación a ver si el vínculo soporta la presión o si se rompe…y echan la vista a su otra realidad, a su origen, a esa otra familia que está en sus rasgos, en su genética, quizá en alguna patología que no se sabe el origen y se sospecha genética o de transmisión en la gestación.

¿Qué pueden sentir? ¿Cuántas vueltas tienen que llegar a dar su cabeza?

Si hay otros hermanos que, por el motivo que sea, sí quedaron en la familia de origen, en muchas ocasiones, han llevado una vida totalmente distinta, con muchas menos oportunidades, y si ellos conocen esa realidad, no saben como encajarla.

¿Y por qué a mí sí? ¿Y por qué ellos no? ¿Y a qué precio?

Conozco varios casos así.

En algunos de ellos, los hijos a la mayoría de edad han vuelto con la familia de origen.
Sienten que ese es su lugar.
Que allí sí pueden cumplir con las expectativas.
Les es más fácil ser suficientes para ellos, que para nosotros.
Aunque sepan que sus familias adoptivas les esperan con los brazos abiertos.

Estas situaciones son tremendamente dolorosas para las familias adoptivas o acogedoras.

¿Qué hemos hecho mal? Realmente, nada. O quizá, todo.

¿Cómo vivir con todas las comodidades, cuándo sabes que quizá tu hermana mayor no tiene donde dormir?
¿Cómo aceptar la atención amorosa de una madre adoptiva cuando sabes que otros hermanos son supervivientes y nunca la han tenido?
¿Cómo aceptar estudiar en un centro privado cuando tus primos ni siquiera pueden ir a una extraescolar?

Intentan seguir en contacto con las familias adoptivas, y  luego desaparecen, y vuelven, y otra vez dejan de dar señales de vida.

Para mí, se están debatiendo entre sus 2 sistemas familiares, entre el biológico y el adoptivo, entre el que les dio la vida y los que dieron la vida por ellos. Ya es difícil este tema de la lealtad, cuando tienes un solo sistema, como para tener dos a los que atender ¡y queremos que sepan  hacerlo en la adolescencia, sin recursos!

Intento ponerme en sus zapatos y me atrevo a imaginar que el dolor para ellos es inenarrable.

Ni son de un lugar en el que no se han criado, porque ya conocen otro estilo de vida y sus beneficios; ni son del otro porque son conscientes del lugar que vienen. Hay familias en situaciones realmente vulnerables, y han hecho lo que han podido.

Acompañar a madres en esta situación implica hacerles entender que no podemos hacerles volver, que hay que aprender a vivir con ello por mucho que duela, que solo podemos estar ahí como el faro de Alejandría, emitiendo luz de alguna manera, para que sepan que pueden venir si quieren, que pueden refugiarse de la tempestad, que somos un puerto seguro al que arrimarse a coger fuerzas.

¿Te habías planteado esta realidad alguna vez? Te leo en comentarios.

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2 comentarios sobre “LUCHA DE LEALTADES

  1. Si que lo he pensado. Mi hijo está en esa situación y desde hace años (tiene 12) me ha dicho que cuando crezca se quiere ir a vivir a su lugar de nacimiento. Yo le digo que es un lugar muy bonito (ya hemos ido todos de visita) y que por supuesto es una buena opción para vivir. Por otro lado tengo un primo por adopción que hizo justo eso, desapareció de nuestras vidas y se fue de regreso a su lugar de origen (no con su familia biológica porque hasta donde sé no la conoce). Habla por teléfono con mi tía de vez en cuando y ha venido un par de veces, e incluso lo hemos visto. Y si, me parte el alma de solo pensarlo pero sé que es una posibilidad. Solo espero mantener las vías de comunicación abiertas y no hacerle sentir culpable ni nada por el estilo.

    1. También los míos lo han verbalizado alguna vez. De hecho, quien más insistía en volver allí a trabajar, es el mayor que no tiene intención ninguna de contactar con su familia de origen.
      Sin embargo, nos ha echado en cara michas veces sacarlo de allí, puesto que su tierra es un lugar precioso, y la nuestra, tiene sus cosas, pero no lo es tanto…ni de lejos. Yo también lo opino así.

      Ya veremos luego lo que hace cada uno a futuro.
      Insisto, solo podemos crear un buen vínculo, mantenerlo, fortalecerse, u ser puerto seguro para que, como tú muy bien dices, no se rompa la comunicación nunca.

      Muchos hijos han emigrado por estudios, trabajo, pareja…es ley de vida, se trata de seguir manteniendo el vínculo fuerte.
      Por ellos…y por nosotros.

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