De pastor a mago.

He estado releyendo en estos días “El Alquimista” de Paulo Coelho.
Para los que no lo hayáis leído, cuenta la historia de un chaval, pastor de ovejas, que decide seguir su “historia personal” en busca de un “tesoro”. Va siguiendo las señales que aparecen en su camino, en forma de casualidades, y es una hermosa aventura de vida, una lección interesante. No quiero dar más detalles para que os animéis a leerla los que no la conozcáis.
También os tengo que decir que yo la leí hace muchos años y no me resonó tanto como ahora, debía estar más “sorda”. Estar atenta a lo que nos dicen las señales y saber escuchar también es importante.
Volver a leer esta historia me removió, por supuesto, sobre mi propia historia personal, pero también me hizo plantearme una pregunta: ¿Dejamos que nuestros hijos sigan su propia historia personal?

Con esta pregunta del libro en la cabeza, estuvimos hablando en el grupo de padres de adolescentes de AFADA sobre las expectativas que tenemos con nuestros hijos. Carmen Arruebo, la psicóloga que nos acompaña en esta etapa, nos cuestionaba sobre como las gestionábamos y, me declaro culpable, seguimos cargando sobre ellos muchas de estas expectativas que son las nuestras, pero no las suyas.

Creo que todos los padres tenemos anhelos, esperanzas, sueños…llamadlos como queráis, puestos en nuestros hijos y los padres adoptivos especialmente, tenemos que hacer un importante trabajo de duelo, de ver al hijo que realmente tenemos, de ver qué es lo que ellos quieren, de cual son sus anhelos y hasta donde pueden y quieren llegar y también de como quieren llegar hasta allí, porque hay muchos caminos distintos que acaban llevando al mismo punto. Y muchas veces, al menos yo, vuelvo a declararme culpable, decimos que pueden ir donde quieran pero seguimos imponiendo como y cuando tienen que llegar.

Yo siempre había “presumido”, aunque solo fuera internamente, que quizá porque las expectativas que mis padres pusieron sobre mí, con la mejor intención, no me habían hecho ningún bien, no había puesto ninguna sobre mis hijos. Jamás soñé con que fueran universitarios o realizaran esta o aquella profesión…siempre dije que les dejaría hacer lo que ellos quisieran, aquello que les hiciera felices pero, aún así, luego te das cuenta que hay otras cosas que sí les exijes, que sí pretendes imponer porque crees que ya has rebajado bastante las expectativas, pero es muy difícil ser capaz de dejarles totalmente libres: ahí cada uno tenemos para reflexionar que es lo que nosotros esperamos y donde estamos poniendo el listón.

Tenemos que tener en cuenta una realidad, que para mí es importante, nuestros hijos pertenecen a 2 sistemas familiares: el que les hemos dado nosotros, el adoptivo, y el sistema de su familia de origen, el biológico. Y ellos siempre están con un pie en cada uno ¿Os acordáis del trisquel de una de mis primeras entradas?
Cuando discutimos por las tareas escolares, que se llevan una buena parte de las discusiones con mis adolescentes, ellos se encargan de recordarme: ” No soy tú”, “No voy a estudiar como tú lo hacías”, “Yo no soy una empollona como tú”…..y es una manera de recordarme “Tampoco me voy a parecer a tí en esto” y lo verbalizan echándome en cara que “nunca son lo suficientemente buenos para mí” o que “hagan lo que hagan nunca es suficiente”  y yo, encima, me siento ofendida porque considero que no les estoy exigiendo “tanto” SOLO que se hagan las cosas como yo creo que tienen que hacerse pero eso, está claro que es demasiado para ellos.

Así que me llevo otro aprendizaje de estos tiempos raros y de este maravilloso libro: dejémosles buscar su propia historia personal a su manera, con sus herramientas, que sepan que estamos ahí cuando necesiten agua para cruzar el desierto, un hombro en el que descansar, o cualquier otra necesidad que tengan, pero que sean ellos los que busquen su sueño porque, si les quitamos esa posibilidad, su vida va a dejar de ser interesante.

 

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3 comentarios sobre “De pastor a mago.

  1. La Lluvia es necesaria. A mi me encanta. Y hay que saber disfrutar de ella. Mirando a través de un cristal. Pisar los charcos y si hace falta saltar en ellos. 😆

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